| Pintor. Nacido en Barcelona en 1948, donde cursó estudios de Derecho en la Universidad, a la vez que asistía a clases de dibujo y pintura con los profesores Lorente y Ruiz.
Mas tarde estudió técnica de la imagen y diseño en la E.M.A.V.
Empezó a mostrar su obra al público, a instancias de la promotora de arte Núria Pujol,
a finales de la década de los ochenta.
En la obra de Pau Elias se detecta una evolución constante, un afán por investigar nuevos
campos y nuevas formas de expresión. Nada es fruto de la casualidad. Todo nace de experiencias reales, con connotaciones llenas de vida. Sus cuadros son como poemas construídos a pinceladas. Unos poemas que reflejan vivencias y lazos entre un pasado que evoca
tiempos felices, un presente tambaleante y un futuro incierto pero lleno de ilusiones y proyectos.
La obra de Pau Elias es abierta pero a la vez parece inspirada por un deseo de detener el
tiempo, transmitiendo una fuerza interior serena, con un lenguaje propio, vivo e inteligible.
El control de la composición da dinamismo y frescor a la combinación de conceptos e
ideas. Consolida la estructura con elementos matéricos de gran potencia expresiva, donde
los mundos irreales y fantásticos de cariz onírico, conviven plácidamente con un entresijo
de símbolos e imágenes figurativas.
El polvo de mármol, las arenas, el vidrio o el cobre son como el sofrito de los guisos que
elabora el pintor. Unos guisos en donde se mezclan, cuidadosamente, texturas, sabores,
formas y olores, para ofrecernos unos platos sorpren-dentes y muy personales.
La obra del pintor barcelonés es un catálogo en el cual, por encima de todo, prevalece la
imaginación. Las referencias que hace del mundo tangible sobre un universo de abstracción,
son las puertas de acceso a los secretos de su cocina.
Ya en la mesa, se nos presenta una carta variada que nos invita a degustar un finísimo
collage con elementos de contraste donde destacaríamos la riqueza sugestiva de la materia
y la fuerza del color. Dos factores que potencian los planteamientos objectuales i armonizan
con los postulados puramente pictóricos.
Los colores de tierra, principalmente, cálidos, colores nobles y vivos, tiernos, son la esencia
de esta salsa que redondea el plato y que configura una cocina con carácter.
Es, pues, el momento de observar con atención, detenidamente. La sugerencia está servida.
La comida está en su punto. La magia está al alcance.
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